Por qué los cristales se ensucian antes en primera línea de mar
Un piso en el paseo marítimo de Premià y uno en Òrrius, a doce kilómetros, no tienen el mismo problema con los cristales. En el primero, un cristal limpio se marca en dos semanas; en el segundo aguanta un mes largo. La diferencia no es que en la costa haya más polvo: es que lo que se deposita es otra cosa.

Qué deja el mar en el cristal
El viento de mar arrastra aerosol marino: gotas microscópicas de agua salada que se evaporan al llegar al vidrio y dejan la sal. Encima se pega el polvo, y la sal, que es higroscópica, atrae humedad del aire y vuelve a formar una película fina que fija todavía más suciedad.
Por eso un cristal de costa no se ve «con polvo», se ve mate. Y por eso pasar un trapo seco no lo arregla: mueve la película de sitio y deja los surcos que se ven a contraluz.
Lo que no hay que hacer
- Frotar en seco. Los cristales de sal son abrasivos: arrastrados a presión sobre el vidrio dejan microrrayas que ya no se quitan.
- Limpiar a pleno sol de mediodía. El producto se seca antes de poder retirarlo y deja marca de agua garantizada.
- Usar estropajo o polvo abrasivo en los marcos de aluminio lacado. El lacado se mata y a partir de ahí el marco se ensucia todavía más rápido.
- Dejar la guía de la persiana sin tocar. Es donde se acumula la sal, y devuelve al cristal lo que acabas de quitar.
Qué le pasa al aluminio y al herraje
El vidrio aguanta; el marco no tanto. La sal acelera la corrosión del aluminio y sobre todo la de los herrajes y tornillos de las ventanas correderas. La señal temprana no es la mancha: es que la hoja empieza a costar de correr, porque el carril está tomado.
Limpiar la guía y volver a lubricarla en la misma pasada alarga la vida de la ventana bastante más que cualquier cosa que se le haga al cristal.
Cada cuánto tiene sentido
No hay una regla universal, pero la pauta que se repite en la comarca es esta: en primera línea, cuatro veces al año en vivienda y mensual en escaparate de local; a partir de un kilómetro tierra adentro, dos veces al año en vivienda es suficiente.
Los dos momentos que más rentan son a la salida del invierno, después de los temporales de levante, y a finales de septiembre, cuando termina la temporada. El levante es el que trae el salitre tierra adentro: después de un temporal fuerte, hasta las casas de segunda línea amanecen con los cristales velados.
Y los toldos
La lona sufre lo mismo pero se nota más tarde y se arregla peor. La sal reseca la fibra y la deja quebradiza, y ahí aparecen las manchas oscuras de moho en las costuras, que ya no salen. Un toldo de costa limpiado una vez al año dura años más que uno al que solo se le sacude el polvo.